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Adonde llegan las lágrimas

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Cada lágrima enseña a los mortales una verdad.

Platón

 

 

¿Alguna vez ustedes se han preguntado a dónde van todas esas lágrimas que caen de sus mejillas? No, no esas que brotan de sus ojos y las atrapan con un pañuelo… Ni esas que, al igual que con el pañuelo, son recibidas, con sus dedos o manos y son tiradas al infinito… Tampoco de esas que captura la camiseta, chaqueta o prenda de vestir que tiene puesta la persona que nos abraza para consolarnos y animarnos … y ni hablar de esas que, por cosas de la vida, ustedes quieren probar, casi que para verificar si de verdad son saladas, entonces estiran la lengua para agarrarlas y probarlas…

¡No! Estoy hablando de esas lágrimas que se nos escapan del pañuelo, mano, camisa o lengua. Esas que caen al infinito, pero por sus propios medios, solitas, porque el destino evita que cualquiera de nosotros decida sobre ellas… están destinadas a ser libres.

Esas lágrimas escurridizas van a parar a un lugar tan incierto –como el final de esta historia a estas alturas de la lectura–, al que sólo los niños pueden llegar en sus pensamientos más extraños, el mismo lugar que surge minutos antes de quedarte dormido, cuando piensas en todo y te imaginas hasta lo imposible, las ideas más extrañas… de donde viene la inspiración.

Pues bien, aquí les digo a dónde van esas lágrimas. O no exactamente a dónde van, pero sí en qué se convierten…

Hay un país desconocido. Por lo tanto, no tiene nombre. Ni los grandes conquistadores de la historia lograron penetrar sus barreras invisibles: no eran capaces de tanta imaginación y solo fueron cegados por encontrar tierra con riquezas. Ahí está la clave: solo llega aquel que no sabe a dónde va, el que no codicia, el que busca aventura, el amante de lo incierto, el que se deja llevar. Alguna vez hubo un personaje con la actitud necesaria para hacerlo, para encontrarlo, pero le asignaron una tarea de gran importancia. Después de eso, descubrió América. ¡Qué lástima! Pero la Serendipia sabe cómo hacer las cosas.

En aquel país no habita nadie, pero todo es precioso. Todo es inimaginable. Sin embargo, llegará a ser imaginable, siempre y cuando se tenga la creatividad para pensar en un lugar que no se ha visto ni exista, pero que sí lo es en los sueños, en lo incierto, en la inocencia, en el asombro. El elemento principal de este país es el agua, que sí es conocida por cualquier persona del mundo que no necesite mucha imaginación. Resulta que toda el agua de las pequeñas quebradas, nacimientos, riachuelos, donde sea que goteen por primera vez los grandes ríos del mundo, son producto de este país. Incluso hay leyendas antiguas que afirman que de aquel país un tanto imaginario es donde está la Fuente de la Eterna Juventud… pero ¿quién sabe?

Sin embargo, de este país sin nombre y desconocido no es de lo que les vengo a hablar. No es en lo que se convierten las lágrimas rebeldes que no de dejan capturar.

A continuación, viene lo interesante…

Existe una persona hecha de gotas, de lágrimas. Sí, así como lo oyen –o leen, mejor dicho–, una persona, que no lo es, porque debería ser de carne y hueso y de eso no está hecha… Bueno, hablemos claro: Existe un ser antropomorfo, que no es de carne y hueso, sino de lágrimas, de gotas, de agua. No tiene sexo ni se reproduce; sólo es, tan solo existe. Vive en un país sin nombre al que nadie ha llegado y al que solo se llega en la imaginación. Es infinito. No tiene amigos. Nadie sabe que existe, excepto –claramente– aquellos que lo pueden imaginar. No ha muerto ni lo hará. Seguirá nutriéndose hasta que la humanidad deje de llorar y sus lágrimas no caigan al limbo de lo incierto. No nació: solo fue la unión de miles y miles de lágrimas de personas de todo el mundo, que no fueron a parar a un pañuelo, que simplemente cayeron… ¿Dónde? En el lugar de los sueños y las pesadillas, de lo animado e inanimado, de lo que siempre estará, siempre y cuando lo quieras, en el país sin nombre que les acabo de narrar. ¿Van bien hasta ahí?

Este ser extraño, que sólo podrían imaginarlo en sueños, puede sentir, obviamente. Ya hemos dicho que está hecho de lágrimas, lo que involucra que está hecho de todo tipo de ellas; por ejemplo, de las lágrimas de llanto por tristeza; o esas que salen porque nos sentimos tan felices que no evitamos lagrimear; o cuando lloramos de rabia, porque es la única manera de sacar la furia. Incluso, esas lágrimas que se nos escapan cuando sufrimos de desamor. Y como cualquiera de estos sentimientos, también podemos llorar de miedo, preocupación, nervios, frustración…

¿Recuerdan ustedes la historia de cómo se crearon las hadas? Pues es un poco parecida a la historia de este ser extraño hecho de lágrimas, nuestra propia fuente de agua por naturaleza. Así como las hadas nacieron a causa de la primera risa que emite un bebé justo después de nacer, este ser extraño sin nombre nació de la primera lágrima de un bebé, del cual no se tiene registro exacto. Sólo pasó de esta manera. Tampoco sabemos exactamente cuál fue el sentimiento que produjo la primera lágrima de este bebé, porque los bebés lloran por hambre, por frío, por calor, porque se sienten solos, porque hay mucha gente y se intimidan, y hasta deben provocarle el llanto para que respire por primera vez. Por todo, prácticamente…

Sólo podemos especular, proponer una hipótesis así de loca e incierta, como puede parecer el planteamiento de este mismo ser, que el bebé comenzó a llorar y que antes de que corrieran a consolarlo, antes de secar sus primeras lágrimas, una de ellas se escapó de la supervisión de los adultos y fue a caer en el infinito, que la dirigió de inmediato a este país de ensueño que no tiene nombre ni localización. Cuando muchos otros bebés dejaron caer sus lágrimas, se fueron acumulando en la nada y se fue formando un pequeño ser, que fue creciendo y adaptándose a miles de formas, como las que muestran en clase de biología, cuando dan la lección de evolución, y que van desde una bacteria hasta el ser humano actual. Así fue creciendo este ser. Es probable que desde hace miles de años, con el primer bebé concebido en la historia. O también, que sea reciente… Al fin y al cabo, solo puede saberlo aquel que tiene la imaginación tan amplia como el universo. Aquel que es capaz de creer que esta historia es verdad. Porque la es… ¿no?

Yo solo quería relatarles una historia en la que creo con todo mi corazón, porque me duele que nadie tenga en cuenta a las lágrimas. Simplemente, parecen olvidadas. Hay algunos que las mencionan cuando escriben poemas o prosa de amor, desamor, tristeza o alegría; de cualquier texto que involucre llorar, pero no van más allá ni piensan en qué pueden convertirse. Yo opino –basada en una amplia investigación para mi tesis de doctorado sobre Fenómenos cotidianos nunca antes explicados, que estoy haciendo en la Universidad de… ¡Pronto seré Doctora en Literatura de lo absurdo!–, que si el agua, ese elemento tan natural e indispensable, es capaz de crear vida a partir de ella misma, el agua que sale de nosotros –que, aunque puede ser como el agua de la naturaleza, ha pasado por miles de fenómenos químicos que se viven en la inmensidad de nuestro cuerpo, saliendo de él a causa de diversos sentimientos, de los que se impregna cada una de ellas–, perfectamente puede crear vida, originar seres muy reales o salidos únicamente de la imaginación.

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