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Los García Pérez y la Lagunilla

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En la calle de Cristanto Palma de Nacajuca, Tabasco, está la casa de los García Pérez. Ellos realizaban una de sus tradicionales comilonas en la que abordaban un tema que mantuvo en vilo a la familia: Yolibeth, la hija menor de los García Pérez cumplirá 15 años y no tenía vestido para el festejo. En la plática, la familia, encabezada por el patriarca Agustín, y vecinos dialogaban sobre la dificultad de encontrar vestido en Nacajuca. –Es que el problema aquí, es que no te dejan probar los vestidos si no eres de la medida--, comentó una mujer regordeta mientras agitaba los brazos. Agustín cuestionó la existencia de un lugar en el que su retoño se pudiera probar los vestidos las veces que le diera la gana y aunque no le quedaran.--¡En la Lagunilla!--, se escuchó en el fondo entre gritos de un viejito setentón. En la sala se hizo el silencio, la pequeña Yolibeth y su familia urgieron al señor canoso a que explicará cómo llegar. –Hay un mercado en el DF, en donde se venden los vestidos más bellos de 15 años que se han podido ver--, exclamó mientras cerraba los ojos como recordando un manantial en el desierto. La familia García Pérez descalificó la idea por la lejanía y el gasto que implicaría el viaje. En la sala de la casa volvieron a sonar los gritos y la desilusión se apoderó de los ojos de Yolibeth. En la mesa retumbó el sonido de las botellas de cerveza chocando con los platos y para el postre sonó el timbre. –Convocatoria contra la reforma energética, vámonos a la capital, ponemos camión y ustedes pongan la voz--, explotó un pregonero. El padre de la quinceañera tuvo una epifanía entre chela y taco: viajarían al DF a protestar contra la reforma energética y de paso a la Lagunilla por el vestido de Yolibeth. La cita era en el campo de beisbol de Nacajuca a las 13:00 horas del sábado. Ahí llegaron los García Pérez: padre, madre, quinceañera y hermano menor. Además, el grupo se nutrió por cuatro vecinas, quienes llevaban a dos bebés, y el autor intelectual del viaje: el viejito setentero que se llamaba Manuel. Salieron a las 15:00 horas y llegaron al DF a las 7:00 horas del domingo. Al pisar Avenida Chapultepec, les dieron gorra, banderín y torta. Caminaron del Ángel de la Independencia a la Glorieta de la Palma, se escabulleron de la protesta y tomaron una combi que los llevó al metro Salto del Agua. La tropa salió del subterráneo y tras evadir algunos puestos ambulantes llegaron al mercado de la Lagunilla. Al aterrizar en la sección de vestidos, las luces de la tienda Brian D´Israel iluminaron los rostros de los oriundos de Nacajuca. –Pase usted que aquí encontrará su vestido sencillo, pero elegante. Te lo puedes medir sin compromiso mientras me des una sonrisa y las gracias"--, vociferaba un vendedor de pelo engominado y tatuajes de San Judas Tadeo. Yolibeth sonrió, el vendedor la tomó de la mano y la subió a una pasarela que proyectaba luces multicolores. Le pusieron un vestido concha nacar bajo una bola de cristal al estilo de disco setentera. Agustín observaba emocionado a su única hija vestida como una princesa lista para sus 15 años, por lo que no dudó en pagar los 3 mil pesos del vestido en efectivo. La expedición tabasqueña miraba emocionada mientras recogían sus cosas para regresar al punto de encuentro de los camiones. Al salir de la Lagunilla, Yolibeth iba feliz con su sueño hecho realidad y ahora pensaba cómo sería bailar el primer vals con su papá.

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