JCPozo

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Sin palabras

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En medio de la calle y con unas botas amarillas puestas, el brutal y longevo dictador quiso aprovechar la tragedia para que una foto lo mostrara en solidaria acción junto a sus conciudadanos; parecía que disfrutaba ir pasando cajas y alimentos a los más necesitados. De repente sonó un monstruoso tronido en el cielo y, en un santiamén, la avenida principal ubicada arribita de donde él estaba parado, empezó a destilar ríos y ríos de agua de un solo golpe.

Desde los balcones y las azoteas, los ciudadanos, entre el miedo y el alivio, quedaron paralizados sin saber cómo reaccionar; miraban cómo la corriente iba arrasando calle abajo  con todo y se habían quedado de momento hipnotizados, con las miradas fijas en la imagen de un par de botas amarillas que, de puntas hacia el cielo, salían a intervalos de las olas hasta perderse en el horizonte.

 

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