Josué García

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La mosca que se refleja

Josué García

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En un barandal permanecía una mosca durante la lluvia. Se alojó debajo, taciturna, estática, al revés, cómoda en la herrumbre. Contemplaba una gota de agua aterrizada frente a ella; la gravedad aún no la llamaba, quizá por ello se sintió idéntica frente a su nueva amiga. Emulaban del viento las breves sacudidas, lo que se convertiría en un juego subsecuente que fluía a través de cada negación temblorosa, animadas por las ráfagas. No, no. Cuando por fin se encontró desinhibida quiso aproximarse con la velocidad casi imperceptible de las moscas, pero otra gota cayó en forma diagonal y se acumuló en el mismo lugar recientemente caída. Su felicidad efímera se escuchó como cuando alguien golpea el pliegue del codo con el dedo índice. Tan breve como la vida de las moscas. Agazapada, notó que volaba con un ala cansada y, supo que su destino era morir todos los días y renacer a diario en ella misma, hasta el último día. El último. Mientras llueva, frotará sus patas delanteras para despegar, en un chasquido, renunciando a cualquier espejismo. Por si las moscas.

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