El último Animal de Fuego

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La gramática de nuestras vidas entrelazadas

El último Animal de Fuego

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De manera repetida leo nuestras conversaciones.  El hecho de que ahora la gente podamos hablar con escritos me ha dado ese derecho.  Regreso al comienzo de uno de los últimos días en que nos escribimos, y desde ahí leo.  Por entre palabras, frases y proposiciones.  Enunciados completos desde nuestros corazones colgados de la nube.  Hasta eso es perfecto con nosotros.  Cuando estamos cerca, hablamos, bailamos, cantamos.  Si estamos lejos, enviamos textos, de cualquier manera, sin que algo nos importe.  De todos modos, nuestros corazones están ahí.  Así que recuerdo y leo.
De manera repetida leo nuestras conversaciones.  Es un lujo de nuestro tiempo que nadie parece apreciar.  Cuando te escribo, puedo realmente pensar lo que quiero decir.  No por mucho tiempo, ya que la plática debe fluir.  Lo bueno es que mis palabras escritas no son siempre las que llegan primero a mi mente, lo cual, en nuestra situación, no siempre sería lo correcto.  Mis impulsos no podrían ser ignorados si te estuviera viendo justo al momento en que te escribo.  El alma que le pongo a mi escritura se perdería y sería reemplazada por su incandescente sed de ti.
No puedo parar.  No puedo lidiar con el hecho de que te irás, porque estás en mi mente siempre que mis pulmones se vacían, siempre que tratan de alcanzar el aire, pero mi corazón ocupa tanto espacio ahora que ya no se pueden llenar con lo que está allá afuera.  ¿Cómo te puedes ir, si estás incrustada aquí adentro?
De manera repetida leo nuestras conversaciones y experimento la belleza de tus sentimientos y de tu espíritu.  Y quisiera poderte decir tantas cosas, y desearía poderte contar todo lo loco que me torno por ti.  Qué desesperado me siento cuando veo en la pantalla que estás tecleando, y luego borrando tus pensamientos.  Tus hermosos pensamientos.  Ninguno debería ser eliminado.  Y me siento tan perdido entonces, porque yo hago lo mismo.  Tecleo algo, lo borro, lo reescribo, lo pienso otra vez, y finalmente escribo sólo aquello que es correcto.  El silencio viene.  Pensamos, apreciamos, sentimos.  Y justo ahí, uno de nosotros acaba perdiendo la cabeza y dice las palabras, las palabras que verdaderamente queremos decir, las palabras que ciertamente añoramos escuchar del otro.  Te amo.  Te amo.  Te amo.  No lo puedo detener.  Es tan cierto que quema.  Es tan grande que pesa terriblemente.  Es la fuerza que ambos tenemos, y el camino que debería ser seguido.  Dijiste una vez que algún día encontraré a alguien a quien merezca.  Pero la verdad es que todas las cosas que nos han ocurrido en otros tiempos y en estos momentos de nuestras vidas nos han traído hasta aquí y hasta ahora.  Si he pasado todo lo que pasado, ha sido para que yo llegara a este punto, a estos días de ajustes de cuentas, y merezca y reclame nada, nada, más que a ti...
De manera repetida leo nuestras conversaciones, siento su ritmo, su cadencia y su alma, la gramática de nuestras vidas entrelazadas, y lloro despiadadamente con lágrimas confusas...

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Pino Naranjo

Preciosa declaratoria de amor. Enhorabuena, Hugo!!

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