Durante Cruz

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Primaria luz.

Durante Cruz

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Esa hermosa mujer lo había impresionado lo suficiente como para provocar el cómico infortunio. Enfundada en una minifalda negra, de torneadas piernas, tobillos enfundados en unos patines negros de un eje. Su cabello negro, largo y lacio, cuya traza majestuosa llegaba casi a las rodillas, y que armonizaba con esos grandes ojos cafés obscuros, y cuyos labios pequeños y mentón delgado, que combinaban con el pequeño cuello, tan frágil. Una ombliguera de color blanco, con unos pechos preciosos, que le invitaban a tantos placeres. Ellos lo habían impresionado lo suficiente para estrellarse de improviso con aquel enorme tronco, cortándose levemente en la frente. Atontado por el golpe, su mente se despejo de inmediato al ver a la voluptuosa joven, que lejos de irse, se encontraba a su lado, ofreciéndole la mano amistosamente, y con un dejo en su bello rostro, de preocupación por lo sucedido; ella iba patinando muy cerca cuando el accidente.

— ¿Te sientes bien? Su voz enloqueció el corazón del joven tirado, que sólo atinaba a pensar: “de verdad es una diosa”. Todo tonto, respondió como pudo.

-Creo que sí... De… de todos modos, así camino yo.

La respuesta, lejos de parecer idiota, como en realidad era, hizo alojar una sonrisa en la joven, que a él le pareció la gloria de la vida.

— Ven, levántate — fue la respuesta — perdona, no fue mi intención molestarte — contesto el golpeado chico. Ella, después de ayudarlo a levantarse, hizo un ademán con la mano en señal de despedida, como si se conocieran, y se encamino presta a volver a su ocupación de momento...

De pronto un enorme camión tractor dio la vuelta intempestivamente en el lugar en que ella bajaba la banqueta para seguir su recorrido normal. El joven del accidente anterior no tuvo tiempo de gritarle, o de correr para salvarla. Solo vio el manchón pasar donde unos segundos antes había una joven patinando. Las personas que habían visto lo sucedido, vieron con terror la pesadilla, esperando lo peor. El camionero no se dio jamás cuenta de lo sucedido, por lo que siguió su jornada como si nada. Pero…

En la calle, no había rastro de la joven, no había sangre, no había indicio alguno de que hubiera una joven atropellada. Solo el chico, en su búsqueda de la chica, se dio cuenta de que un zorro con una raya en medio de color plata corría de la escena, dejando atrás de sí, abandonados, unos patines de un solo eje, y una ombliguera blanca como un recuerdo...

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